Ser o no ser.

¿Tan errado estaré?

Diga que esta mañana de miércoles 31 de enero había pasado por alto habitual media luna con la cual suelo acompañar el café y la lectura de los diarios, ya que de otra manera la tradicional factura se me hubiera quedado atragantada.
La causa de ese sobresalto mañanero no fue otro que la breve noticia de “Clarín” –siempre son breves las noticias de “Clarín” sobre el Socialismo, salvo que por alguna razón les convenga darnos algo de bola-, mencionando la reunión entre nuestros excelsos dirigentes Ariel Basteiro y Jorge Rivas con el omnipotente señor K, charla que al parecer giró en torno a crear un polo de centroizquierda que frene a la derecha… o algo así.
Entusiasmado con su nuevo patrón, Basteiro hasta se animó a decir que el compañero de Scioli podía ser un socialista, pero eso sí, al Manco del Espanto “había que rodearlo de izquierda”, no me queda claro si para protegerlo de las dichas fuerzas reaccionarias o para evitar las tropelías que un conservador nato como el ex motonauta podría cometer en función de gobierno.
Comprobado que hube que tales palabras no eran fruto de una pesadilla (bueno, ES una pesadilla pero no generada en mis horas de sueño), mi primera reacción fue admirar la variedad de argumentos que siempre encuentra nuestro Secretario General para justificar sus negociaciones políticas. A lo largo de los años nos vendió el Frepaso, la Alianza, la sociedad con la Izquierda Unida y el ¿Encuentro Amplio, se llamaba?. Ahora aparece casi como el Chapulín Colorado que salvará a Kirchner, a Scioli y a la Provincia de las garras de Macri, Blumberg and company, argumento que verbalizará por cada Centro instándolos a seguirlo en esa cruzada.
Tras esa reflexión inicial y dado que carezco de la necesaria agudeza para un análisis político profundo, debo resignarme a plantear mis dudas de simple afiliado, dudas que cual las perlas de un rosario (perdonen ustedes esta clerical metáfora) paso a enhebrar a continuación:
¿Seré tan mal pensado al suponer que lo que en verdad origina estas actitudes es la necesidad de procurarse una banca, habida cuenta que el negocio con los Radicales no parece ser muy redituable, los frentes progresistas tampoco y solo queda arrimarse para el lado donde calienta el Sol, es decir el kirchnerismo y su ya casi absoluta hegemonía?
¿Estaré tan errado en creer que “todo el potencial de nuestro Partido debiera estar en función de las grandes posibilidades que tiene el Socialismo en Santa Fe” y no socavar ese proyecto uniéndose a un adversario que tratará de destruir a Binner de cualquier manera posible, ya sea mediante la intriga, el dinero y de última (o de primera) alguna operación de la SIDE?
¿Estaré tan equivocado si pienso que de una vez por todas los Socialistas debiéramos afrontar “el momento de la verdad”, ir a elecciones con nuestro propio nombre -aún a riesgo de perder la personería política-, pero saber a ciencia cierta cuál es el “apoyo real” que tiene en el electorado aquel hermoso sueño nacido en 1896?
Cual un modesto Hamlet de provincia expreso estas dudas mientras imaginariamente miro la calavera –o ya casi el esqueleto- de un Partido que supo escribir páginas gloriosas y fundacionales de la vida política Argentina.

Carlos R. Martinez

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